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Ola de calor: Guerra al Planeta

Manuel de la Peña, M.D., Ph.D.

Ola de calor: Guerra al Planeta

Ola de calor: Guerra al Planeta 450 430 Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social

ola de calor Lloramos al nacer, por tener que entrar en este escenario de locos” así de claro lo afirmaba William Shakespeare.  Los científicos están convencidos que en los próximos años el calentamiento del planeta superará la barrera de 1,5 grados, uno de los dos límites de seguridad marcados por el Acuerdo de París contra el cambio climático.

Si sigue subiendo la temperatura, podrían darse fenómenos extraños que no hemos visto hasta ahora. Por ejemplo, en los climas calurosos la temperatura normal del cuerpo de 36,5ºC puede elevarse hasta niveles peligrosos y se pueden desarrollar enfermedades relacionadas con el calor producidas por permanecer expuestos demasiado tiempo al sol.

Una de las claves para combatir la ola de calor es consumir 2–3 litros de agua al día, beber abundantes líquidos, reponer sales y minerales, limitar el tiempo de exposición al calor y utilizar sombrero al sol, todo puede ayudar. Los adultos mayores, los niños pequeños y las personas enfermas o con sobrepeso tienen un riesgo más alto. Es evidente que como decía Alejandro Dumas “los peligros desconocidos son lo que inspiran más temor”. Y es que la emergencia climática genera una gran incertidumbre sobre su verdadero origen.

 

Vivimos en un estado de alerta permanente

Cuando no es por un motivo es por otro. La Organización Mundial de la Salud declara la Viruela del Mono como una “emergencia”. A esto se suma las sucesivas olas de la Covid-19, el corte del gas y ahora entramos en una dinámica del clima que, en teoría, es consecuencia del calentamiento del planeta. Además, los flujos migratorios y las poblaciones de mosquitos (verdaderos transmisores de enfermedades) se trasladan activadas por el cambio climático, ya que pueden volar atravesando fronteras que antes eran impensables. Por este motivo, enfermedades endémicas, típicas de determinados países, se acabarán globalizando.

Pero las amenazas que recibimos ponen nuestro sistema nervioso en estado de alerta, provocándonos situaciones de estrés crónico, y como decía José Ortega y Gasset, “en cada paso que damos en la vida pisamos cien senderos distintos”. En la actualidad, una masa de aire caliente que proviene del norte de África está ocasionando un clima con temperaturas elevadas de más de 40 grados centígrados en el oeste de Europa. De hecho, varios países anunciaron una serie de medidas especiales para el calor que incluyen abrir al público salones de aire acondicionado y ponerse en contacto con personas especialmente vulnerables, principalmente ancianos y aquellos que no pueden salir de su casa por razones médicas, pero como diría Julio Verne “la ciencia se compone de errores, que a su vez son los pasos hacia la verdad”. Después de Francia, Reino Unido será el siguiente país que sentirá la masa de calor. Ambos países ya han emitido alertas debido a esta situación crítica.

ola de calor La ola de calor en España ha causado la muerte de más de 1.000 personas en tan solo unos días y, diariamente, personas están siendo tratadas en los hospitales debido a la ola de calor. En un gran número de casos las muertes son personas de más de 60 años y trabajadores que desempeñaban su tarea al aire libre. Tras máximas de 45 grados, las autoridades civiles y el Ejército han establecido un centenar de centros para atender a las personas afectadas por el calor, mientras que Autoridades Nacionales de Gestión de Desastres han situado tanques de agua en la urbe. Los problemas de suministro se van a notar con cortes de hasta doce horas que han impedido el uso de aires acondicionados y el suministro de agua. El calor no es inusual en los meses de verano, pero parece que los cortes de gas van a empeorar las cosas.

Por su parte, las autoridades sanitarias emitieron alertas meteorológicas en las que advirtieron a la población que extremen las precauciones debido a que los termómetros superaron los 40 grados en algunas partes de la Península. De hecho, las autoridades advirtieron que las temperaturas podrían ser todavía mayores a las registradas en 2003, cuando murieron miles de personas, muchos de ellos jubilados que estaban solos mientras familiares más jóvenes salieron de vacaciones, y como diría Louis Pasteur, “la fortuna juega a favor de una mente preparada”.

Debemos poner especial cuidado en las rutinas diarias para evitar que la ola de calor pueda llevar a la deshidratación, especialmente las personas que pertenecen a alguno de los colectivos más sensibles ya mencionados.

Las enfermedades relacionadas con el calor

Parafraseando a Confucio “aprender sin reflexionar es malgastar la energía”. Para ello, debemos tener muy presente cuatro tipos de situaciones que se pueden producir:

  • Golpe de calor: enfermedad que pone en riesgo la vida, ya que la temperatura corporal puede subir por encima de los 40°C; aparece piel seca, pulso rápido y fuerte y mareos. Si se calienta hasta 39-40 grados, el cerebro les envía una señal a los músculos para que “aflojen” y aparece la fatiga. De hecho, con 41 grados hay riesgo de muerte. Los procesos químicos se alteran, las células del cuerpo se deterioran y hay riesgo de fallo multiorgánico. El cuerpo no puede ni sudar en este punto porque el flujo de la sangre a la piel se detiene. Un golpe de calor que puede ocurrir a cualquier temperatura por encima de los 40ºC requiere de atención médica y, si no se trata de forma inmediata, las posibilidades de sobrevivir pueden ser escasas. A pesar de todo, el cuerpo tiene un sistema de termorregulación que es controlado por el hipotálamo, que ajusta condiciones de calor y produce sudor para bajar su temperatura corporal.
  • Agotamiento por calor: enfermedad que puede preceder al golpe de calor. Los síntomas pueden incluir sudoración profusa, respiración rápida y pulso acelerado y débil.
  • Calambres por calor: dolores o espasmos musculares que ocurren durante el ejercicio intenso.
  • Erupciones cutáneas por calor: irritación de la piel por exceso de sudoración.

Hidratación en ola de calor

ola de calor Benjamín Franklin lo decía muy claro, “dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. En este sentido, os recuerdo que dos a tres litros al día es lo ideal. Es suficiente y aunque puede parecer exagerado, es una meta fácil de alcanzar si adquirimos el hábito de beber, incluyendo jugos, caldos e infusiones como té, manzanilla, tisanas, etc. Sin duda, la leche, frutas y vegetales frescos son los que más aportan, ya que el 80-90% de su peso es agua, por ello como diría Séneca, “admira a quien lo intenta, aunque fracase”.

El agua es determinante, sin ella no viviríamos más de 10 días, ya que es el mayor componente del cuerpo porque nuestro organismo está compuesto por 65% de agua. Se encuentra ampliamente distribuida en músculos, piel, huesos, riñones, saliva y jugos gástricos, dentro y fuera de cada una de nuestras células. Tiene acción directa en la regulación de la temperatura corporal. Proporciona el medio para que la célula produzca, almacene y utilice energía. Es esencial para los procesos de digestión y absorción, para eliminar desechos metabólicos y su efecto détox es enorme e incluso vital. El agua es de carácter funcional, está continuamente en uso y no constituye una reserva, no existe un depósito, por lo tanto, las cantidades que se pierden deben reponerse inmediatamente.

Si bien el agua corporal permanece relativamente constante, el organismo dispone de mecanismos que le advierten sobre desequilibrios de su “medio interno”, entre ellos la sed, que es el primer síntoma de la deshidratación. Esta sobreviene por disminución de la ingesta o aumento de las pérdidas.

Las pérdidas pueden dividirse en “sensibles”, orina y heces, e “insensibles” que son aquellas que no percibimos ni cuantificamos fácilmente, como el sudor por la piel y el vapor de agua eliminado en cada expiración. Por ello, es fundamental prevenir la deshidratación bebiendo la cantidad suficiente. Y como diría Bertrand Russell “una buena vida es aquella inspirada por el amor y guiada por la inteligencia”.

Población de riesgo

Ciertos grupos de población deben tener mayor precaución, ya que pueden deshidratarse con mayor facilidad ante una ola de calor. Existen grupos de riesgo más propensos a sufrir golpe de calor: los ancianos, los niños, las personas con sobrepeso y los pacientes crónicos.

En los ancianos y en los bebés, se agrega además hipoactividad, pérdida de la iniciativa y aletargamiento, y como decía Bob Marley, “nadie más que uno puede liberar su mente de la esclavitud”.

Cuidar de los mayores

ola de calor Platón diría: “teme a la vejez, pues nunca viene sola”. Y como comentaba, la realidad es que los ancianos son más vulnerables a los efectos del calor extremo. En los ancianos, la edad deteriora la sensibilidad del centro de la sed. Es decir, son menos sensibles a sentir sed. Además, es normal que los ancianos tengan un cierto deterioro cognitivo, y con lo cual pierden iniciativa, aunque sientan sed no van a ir a buscar líquidos. Por ende, cuando comienzan los síntomas es tarde, pero como decía Salomón, “el ánimo es la más sana medicina”.

Los ancianos son más sensibles al calor debido a las alteraciones fisiológicas que afectan a su balance hídrico, que es la relación que hay entre los líquidos que entran en su cuerpo y los líquidos que se expulsan. Sin embargo, “nadie más muerto que el olvidado”, como decía Gregorio Marañón. Algunas de estas causas son:

  • La existencia de enfermedades que dificultan la sudoración, principalmente la disminución de la capacidad renal, diabetes, cardiopatías o enfermedades pulmonares.
  • El consumo de ciertos fármacos.
  • El riesgo general de sufrir infecciones de orina, más alto que en otras franjas de edad.
  • Alteración de la sensación de sed y calor, que no permite ser consciente de la necesidad de hidratación. De hecho, menos de la cuarta parte de las personas mayores ingiere la cantidad de líquidos diaria recomendada. En fin, como decía Publio Siro, “la vida en sí es corta, pero la desgracia la hace larga”.

El organismo tiene mecanismos de compensación que reponen el agua si la pierde, pero cuando las personas mayores tienen otros síntomas diferentes de la sed, como pueden ser dolores de cabeza, mareos, inestabilidad en la marcha o quedarse dormidos, ya es tarde: el cuerpo perdió hasta cuatro o seis litros de más, pero como decía Santiago Ramón y Cajal, “el arte de vivir mucho es resignarse a vivir poco a poco”.

Además, producto de la vejez, se pierden los mecanismos de conservación del calor. Nosotros tenemos una temperatura constante que suele ser de 36 grados, y la mantenemos gracias a mecanismos como la acción muscular, la transpiración y la circulación sanguínea. Estos responden peor en los ancianos, lo que los hace vulnerables a tener períodos de hipotermia durante el invierno y tener problemas de deshidratación e infecciones con el calor en verano, y como decía Quevedo, “que el que quiere tener salud en el cuerpo, procure tenerla en el alma”.

Golpe de calor y deshidratación

Son comunes con las altas temperaturas del verano. Sus síntomas son sed, dolor de cabeza, sensación de tener la boca “pastosa” y sudar en exceso. Es frecuente que con la llegada de las altas temperaturas veraniegas se consulte con el médico con mayor frecuencia debido a la presencia de olas de calor, ya que son comunes los cuadros clínicos de deshidratación. Lo que ocurre a nivel orgánico es que el cuerpo generalmente tiene que perder agua para poder perder calor. Sin embargo, como decía Salomón, “el ánimo es la más sana medicina”.

¿Cuáles son los signos y síntomas en ola de calor?

Milan Kundera afirmaba, “estoy bajo el agua y los latidos de mi corazón producen círculos en la superficie”. En este sentido, debemos prestar especial atención a la aparición de algunas alarmas por golpe de calor, tales como:

  • Temperatura mayor a 40°.
  • Confusión y desorientación.
  • Sed.
  • Piel seca y enrojecida.
  • Falta de sudoración.
  • Fatiga.
  • Debilidad y calambres musculares.
  • Palpitaciones y taquicardias.
  • Dolor de cabeza.
  • Respiración rápida y superficial.
  • Perdida del conocimiento o convulsiones (crisis epilépticas).
  • Broncoaspiración.
  • Náuseas y vómitos.
  • Alteraciones del comportamiento.
  • Delirio.
  • Coma.

Sin embargo, como afirmaba Mateo Alemán “el deseo vence al miedo, atropella inconvenientes y allana dificultades”.

¿Qué primeros auxilios puedo realizar para el golpe de calor?

Woody Allen, expresaba con rotundidad que “me interesa el futuro porque es allí donde pasaré el resto de mi vida”. Por tanto, hay que adoptar una postura proactiva siguiendo estas pautas:

  • Moverse a un ambiente con aire acondicionado o a un área fresca y sombreada.
  • Levantar las piernas más altas del nivel del corazón.
  • Tomar líquidos fríos, tales como agua o zumos.
  • Rociarse con agua fría o echarse agua fresca en la cabeza, cuello y, si es necesario, ropa.
  • Ponerse toallas con hielo en cuello, axilas e ingle.
  • Soltarse o quitarse la cantidad de ropa que sea posible.
  • Ante la duda, llame al 112 inmediatamente para asistencia médica.

¿Cómo se trata el golpe de calor?

Se trata de realizar un enfriamiento inmediato para mantener los sistemas y órganos. Es vital enfriar cuanto antes. Cuando se tarda más de dos horas, la mortalidad está en el 70 por ciento. Sin embargo, “al final lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años” como decía Abrahm Lincoln.

  • Materiales de enfriamiento: diferentes tipos de materiales de enfriamiento se pueden utilizar para bajar rápidamente la temperatura corporal, tales como toallas con hielo.
  • Líquidos en sueros intravenosos: estos ayudan a aumentar el volumen de fluidos para tratar la deshidratación y como diría Gabriel García Márquez, “la vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir”.
  • Apoyo respiratorio con oxígeno: en ocasiones en necesario oxígeno adicional. La saturación de oxígeno normal es de 95-97 % y se puede medir con un pulsioxímetro, que se coloca en un dedo y es muy fácil de usar. Si está por debajo de 90–92% aparece insuficiencia respiratoria y podría ser necesario recibir oxígeno a través de gafas nasales o de una mascarilla colocada sobre la nariz y la boca. Napoleón lo veía con mucha claridad cuando afirmaba que “la batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo”.

Consejos para estar protegido en ola de calor

ola de calor Sigamos a Séneca, que invadido de razón afirmaba que “el que logra empezar un camino lo tiene ya medio hecho”. Por ello, a modo resumen, te sugiero que lleves a la práctica las siguientes recomendaciones:

  1. Acostúmbrate a beber de manera regular. La cantidad de líquidos recomendada, insisto, es de 2,5-3 litros de líquidos diarios. Mantente bien hidratado en todo momento.
  2. Beber varios vasos de alguna bebida con cada comida y de manera intermitente a lo largo del día. Lo mejor es beber cada hora.
  3. Tener a mano una variedad de bebidas de distintos sabores para estimular su consumo, como por ejemplo limonada o té, además de agua.
  4. Los líquidos deben estar en lugares accesibles y visibles a cualquier hora del día.
  5. La temperatura ambiente de la vivienda o residencia debe ser adecuada, en torno a los 20-24ºC.
  6. Los cuidadores deben tener en cuenta posibles cambios en la dieta que sean más adecuados para asegurar una correcta hidratación, ya que entre el 20%-30% del líquido que necesitamos proviene de los alimentos que comemos, y como diría Oscar Wilde, “estar alerta, he ahí la vida; yacer en la tranquilidad, he ahí la muerte”.
  7. Los alimentos recomendados son sopas, frutas y hortalizas que contienen 80%-90% de agua y son fuente de nutrientes esenciales.
  8. En lugares cálidos usa ropa ligera y protege tu cabeza con gorra o sombrero, o sombrilla si es necesaria.
  9. No realices actividades físicas al aire libre entre las 12:00 y las 17:00 horas, debido a que el calor es más intenso durante ese horario. Si realizas ejercicio físico, toma tiempos de descanso continuamente.
  10. Nunca dejes a niños o ancianos solos dentro de un automóvil por mucho tiempo y sin aire acondicionado.
  11. Aléjate de la exposición de calor, frecuenta un lugar fresco y bajo la sombra.
  12. Utiliza aire acondicionado o ventilador. Si no hay aire acondicionado disponible, mantén las ventanas abiertas para que el aire pueda circular.
  13. Uso de compresas frescas en cabeza, cuello, axilas, abdomen e inglés.
  14. Abanicarse.
  15. Bañarse con agua tibia mejor que fría.
  16. Colócate en posición boca arriba con los pies levantados 30 centímetros.
  17. En caso de duda, acude a un hospital o llama a una ambulancia inmediatamente.
  18. Mantén contacto en todo momento con un especialista de la salud.

Saber conquistar el miedo

Parafraseando a Nelson Mandela “no es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo” y, en definitiva, se recomienda vestirse con ropas claras, livianas y holgadas; evitar la ingesta de alcohol y las aglomeraciones; beber muchos líquidos. No debemos esperar a sentir sed para beber, porque cuando la sed se hace presente, ya nos encontramos en el primer estadio de la deshidratación. Asimismo, las bebidas alcohólicas tienen un efecto deshidratante por lo que no son nada recomendables. Además, habrá que evitar tomar el sol o hacer ejercicio, e incluso evitar salir a dar un paseo en las horas del día más críticas, entre las doce del mediodía y las cinco o seis de la tarde.

En el cielo no se bebe agua

Todavía recuerdo que mi padre no bebía apenas agua y a sus 97 años si su salud se deterioraba era por deshidratación vinculada a una ola de calor. Lamentablemente una pequeña infección de orina se convirtió, en su organismo deshidratado, en una bomba atómica que contribuyó a desencadenar su fallecimiento. Mi consuelo es que en el cielo está feliz y sigue apostando fuerte por Rafa Nadal, su tenista favorito. Pero menos mal que se ha reencontrado con su eterno golfista, Severiano Ballesteros, con el que ahora disfruta recordando sus magníficos “verdis”. Pero al final, querido papi, cuando pienso en ti me acuerdo de lo que decía Cernuda, “el hombre muere para que nazca el héroe”.

Manuel de la Peña, M.D., Ph.D.

 

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